En este décimo y último episodio de la primer temporada, analizo un tema realmente incómodo. Desde el 11 de Septiembre, las medidas de seguridad de la aviación han aumentado exponencialmente. Todo está hecho para evitar, por todos los medios, que una amenaza externa pueda poner en peligro la vida de los pilotos, y por tanto, del resto del vuelo.
Pero, ¿qué sucede si, como en el caso de Andreas Lubitz en 2015, es el piloto o el copiloto quien lleva a cabo el ataque? ¿Qué pasa si es quien lleva el avión quien decide quitarse la vida estrellando el avión, y llevándose consigo a todo el pasaje? ¿Por qué gran número de pilotos padece síntomas compatibles con la depresión? ¿Son los tests psicológicos que realizan las compañías a sus pilotos lo suficientemente exahustivos?
Esta realidad y estas preguntas son realmente incómodas para las aerolíneas. Sin embargo, hay que afrontarlas. Debemos ser conscientes de que nunca podemos estar 100% seguros de que quien lleve los mandos del avión en el que embarquemos no sea alguien con ciertos trastornos. Y esto, al menos a mí, me pone la piel de gallina.
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